viernes, 4 de marzo de 2016

La magia de Berlín y David Bowie

     La inesperada muerte de la estrella del pop inglés David Bowie, que ha tenido un gran eco en los medios de comunicación, me ha llevado a volver a escuchar algunos de sus temas que me habían gustado hace ya décadas, cuando todavía eran éxitos novedosos. Conocía menos sus últimas grabaciones o las había escuchado parcial y superficialmente. Entre estas últimas hay un tema, sin embargo, que consiguió arrastrarme emocionalmente con fuerza y persistencia durante días. Se titula Where are we now y es el primer “single” del álbum The Next Day, editado en 2013. En él, Bowie evoca un episodio de su vida en el que estuvo cabalgando sobre la grupa de una muerte segura (just walking the dead, como repite en la canción), cuando debido a su fuerte adicción a la cocaína, siendo ya una estrella reconocida y famosa en Inglaterra y USA, decidió abandonar los Angeles para irse, en 1976, a vivir durante casi tres años en la parte occidental de un Berlín todavía dividido por el famoso Muro.
     Bowie elige ir a Berlín porque, aunque ya era una estrella conocida del pop británico, todavía podía pasar desapercibido en dicha ciudad y no ser molestado por los fans en su vida cotidiana. Una ciudad ideal para pasear en bicicleta, por ser llana y con amplios barrios y espacios verdes donde perderse y huir de la multitud, además de que, a diferencia de Londres, París o Los Ángeles, era una ciudad – y continúa siéndolo- barata para vivir, como él mismo llegó a confesar. Pero, sobre todo, creo que atraía a Bowie el Berlín expresionista de la República de Weimar, el de la pintura del grupo Die Brücke o el más popular del cine de Fritz Lang (Metrópolis), de Murnau o de El Angel azul de Von Sternberg y Marlene Dietrich, con la que llegaría a trabajar en la película Just a Gigolo (1978), ambientada precisamente en ese Berlín de entreguerras. Bowie, influido por el ambiente de un Berlín propio de la Guerra Fría, aun dividido por un vergonzoso Muro, que podía ver diariamente desde la sala de grabación de Hansa-Studio cerca de Potsdammerplatz, conecta con la música electrónica alemana que anticipaba la “movida” berlinesa posterior, paralela a la llamada Movida madrileña, y en colaboración con Brian Eno, guitarrista de Roxi Music, y otros, graba la trilogía LowHeroes y Lodger, dando un giro radical a sus anteriores trabajos, ganándose el apelativo de artista camaleónico que le caracterizará a lo largo de su exitosa carrera.
     Pero el cambio que Berlín provocó en él no es un mero travestimento camaleónico más, como otros anteriores y posteriores en su larga carrera musical, sino que tiene algo especial, que resuena precisamente en este tardío y profundamente emotivo Where are we now. Tiene de especial el haber resurgido, como si de un ave fénix se tratara, del estado físico y mental de destrucción segura por la adicción a la cocaína (just walking the dead).
     Y en esto Bowie se parece a Berlín, una ciudad que empieza a destacar como capital europea a finales del XVIII con los palacios y la reformas ilustradas de Federico el Grande, el llamado “Rey filósofo”, para convertirse en la capital de la nación alemana unificada por Bismarck, hasta caer en la crisis de la Gran Guerra que abre la República de Weimar, que le llevará a la adición al fanatismo nazi y a su conversión en autenticas cenizas y escombros tras los bombardeos padecidos al final de la Segunda Guerra Mundial. Basta ver las impresionantes fotos y documentos gráficos que de ello se exponen en los museos de la ciudad, como en el Museo dedicado a la Historia del Muro situado al lado del famoso Checkpoint Charlie.
     Pero Berlín resurgió de sus cenizas y, tras la caída del Muro, surgió un nuevo Berlín que volverá a ser la capital de una Alemania unificada y profundamente transformada, tras curarse de la gangrena totalitaria comunista que aún padecía en la mitad de su cuerpo atenazado por los alambres de espino y las barreras fronterizas del largo Muro. Y como Bowie renueva su música tras su llegada a la ciudad, Berlín desarrolla, para asombro del mundo, un modelo alternativo de ciudad habitable, más sano y respetuoso con la vida humana que las contaminadas, y agobiadas por el tráfico y la masificación, grandes urbes como Londres, Paris o Madrid. He visitado este nuevo Berlín en varias ocasiones y he podido experimentar la placidez de respirar su ambiente mágico, no ya sentado al anochecer en el Dschungel de Bowie (“On Nürnbergerstrasse”) que ya no existe, cerca de los famosos almacenes KaDeWe, que si están todavía todavía allí, sino en el mismo centro de Berlín (Mitte), sentado en la terraza de un bar de la Oranienburgerstrasse. Allí mismo, mientras saboreábamos una rica y dorada cerveza berlinesa, cerca de un puesto de las populares salchichas (currywurst), volvía a mi recuerdo de forma persistente la pregunta de Bowie: después de la caída del Muro, ¿dónde estamos ahora?
(Artículo publicado en El Español, 16-2-2016)

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